El pasado 29 de noviembre en el Centro Social Miguel Hernández de Murcia tuvo lugar la presentación de IGNIS como nuevo destacamento comunista del Estado español.
Dicha presentación supuso un esfuerzo organizativo que, nosotras, como militancia en pos de una cada vez mayor y mejor profesionalización, saldamos con éxito. No solamente la preparación logística en cuanto a habituar el espacio, decoración con pancartas, focos, flores, imágenes, aperitivos veganos para el espacio de socialización posterior a la ponencia; o preparación de la propia charla en sí misma entre las camaradas que expondrían lo que queríamos transmitir. Además de todo esto, los días previos se hizo un trabajo agitativo y propagandístico considerable tanto en Murcia como en Cartagena para poder ampliar el espectro de personas que pudieran estar interesadas en acudir a la presentación. Nuestro círculo de simpatizantes también hizo un gran trabajo en todo lo que se les requería, así como en el «boca a boca» de la presentación.
Como suele ocurrir en estos casos, y tras unos minutos de cortesía, dio comienzo la ponencia entre dos camaradas. En ese momento el CSMH y las casi 40 personas que en el mismo se encontraban, muchas de ellas nuevas en estos quehaceres, hervían de ganas de escuchar lo que teníamos que decir. El ambiente de nervios e ilusión se contagiaba en las conversaciones previas al inicio. Poco antes de las doce horas una camarada toma la palabra, dedicando sus primeras intervenciones a mostrar la dureza de aquel momento en que Iniciativa Comunista decidió expulsar a buena parte de las direcciones territoriales de la organización, así como invitar a abandonar a la militancia que asumiera «sus postulados políticos» (todo esto a escasos días de la celebración del V Congreso, el cual luego fue suspendido). De esta manera antidemocrática, saltándose todas las garantías, nos dimos cuenta que lo que teníamos ante nosotras no suponía un reto más, sino el paso más importante que debíamos saber dar si queríamos que nuestro movimiento diera un verdadero salto cualitativo. Evidentemente recalcamos que no ser militantes organizadas nunca ha sido una opción: no se tardó apenas horas en poner en marcha la reconstrucción organizativa entre todas aquellas que compartíamos, como poco, la manera en la que no se deben hacer determinadas cosas. Queríamos seguir adelante en la confección de un nuevo proyecto político, que como primer paso realizase un balance político y organizativo de la esta ruptura.
Podemos decir, por tanto, que IGNIS nace al calor de la preparación del V Congreso de Iniciativa Comunista, que acentúa las disensiones sobre la percepción de la realidad del proletariado y de nuestras tareas como comunistas. Nuestro antiguo CC y una línea minoritaria decide romper las reglas del juego.
Dicha línea tenía una manera aterradoramente maniquea de entender la lucha de clases y la intervención comunista en la lucha espontánea del proletariado. Una de las principales diferencias era que, si bien se asumía la existencia de una capa importante (aun por cuantificar) de clase proletaria que se aventajaba de aquellos beneficios que el Estado español, como estado imperialista, dispersaba entre su población, esto no se veía reflejado fielmente a la hora de trasladarlo a nuestra práctica diaria. Era —y es—, por tanto, nuestro deber romper con la inercia de esa práctica desenfrenada e irreflexiva que impera en las organizaciones comunistas en general. Nuestra tarea es, entonces, reconstruir el encuentro entre la teoría y la práctica. Lo importante no es lo que se diga y la apariencia, de eso sabe muy bien el sentido común de la burguesía. Nosotras nos debemos a la realidad y a la práctica como criterio de verdad.
En esta primera parte, lo que las camaradas dejaron claro es que lo importante eran las grandes tareas inacabadas que se ponen negro sobre blanco tras esta situación. Estas no solo repercuten a nuestra organización, sino al movimiento comunista y, por lo tanto, a nuestra clase. Las camaradas hicieron hincapié en que no es el momento de tal o cual reproche nimio sobre la ruptura que nos beneficie y de esconder lo que nos dé miedo, sino que es el momento de extraer y presentar ante nuestra clase las lecciones políticas de estos acontecimientos, y que estas puedan servir a la clase para nuestro fin inmediato: la reconstitución del Partido Comunista. La humildad es puramente revolucionaria y de ella nos debemos servir.
Este es el momento en el que otra camarada toma la palabra para trasladar nuestro análisis de coyuntura. Acertadamente de lo general a lo concreto, pasando por la coyuntura internacional donde poco hay que mencionar que no conozcamos, donde el imperialismo avanza en su agenda cada vez más destructiva si cabe.
Evidentemente en ese marco imperialista se encuentra el Estado español y la UE. En nuestro estado debemos incidir en la relación socialdemocracia-reacción. Por un lado, España participa en el expolio y masacre diaria de nuestra propia clase a escala internacional (para una simple muestra, el genocidio del pueblo palestino). Pero es que, además, de puertas para adentro nos venden las miserables reformas con el fin de atarnos a lo espontáneo, tratándonos de tontos ajenos a saber mirar más allá de la inmediatez y de la «apariencia» antes comentada. Es nuestra responsabilidad denunciar esta situación y enfrentar claramente a la socialdemocracia como semilla de la reacción. Siendo conscientes, además, que el giro reaccionario de ciertos sectores obreros enraíza en la falta de implantación de nuestro programa político.
La camarada en el uso de la palabra no podía dejar de comentar la situación en la Región de Murcia. Un proletariado migrante cada vez más explotado mientras la reacción va un paso aún más por delante que en otros territorios. Lo sabemos muy bien aquí. Lo vimos en Torre Pacheco y lo vemos continuadamente en nuestros campos, por poner unos pocos ejemplos. Sabemos que la reforma, aunque cada vez más a la desesperada intente encontrar cobijo en los diferentes espacios —como en el movimiento por Palestina en nuestro territorio—, no representa más que burdos cantos de sirena que no hacen sino alimentar a la reacción. Somos conscientes de ello y con nosotros cada vez una mayor parte de nuestra clase. En Murcia, ya advertimos, no encontrarán a medio plazo sitio donde poder agachar la cabeza y arrepentirse de todo el dolor impulsado. Ya no.
En esta parte, las camaradas ponentes destacaron varias cuestiones también en la coyuntura actual del Movimiento Comunista. A continuación, algunas de las más importantes y donde se debe hacer hincapié.
Estamos en un momento de aislamiento, derrota histórica, y repliegue de lo que defendemos. La dispersión ideológica y organizativa es inmensa. Pero, de nuevo, debemos incidir en que se atisban luces de esperanza y trabajo inconmensurable para evitar que esto sea así. En este punto, cabe destacar una cuestión importantísima para nosotras: la dispersión organizativa, es decir, que existan infinitud de destacamentos comunistas en el Estado español no es por sí misma una cuestión negativa. Lo que es nefasto para la causa es la dispersión ideológica. Esto es, que todas las organizaciones tengan «cuestiones de principios» de una u otra índole, a veces sin reflexión ni análisis detrás, y que no haya un atisbo de una línea ideológica común siquiera incipiente.En ese sentido, preferimos mil veces que haya tropecientos destacamentos comunistas con teorías equivocadas pero que sean visiblemente probadas en la práctica para dilucidar el camino a seguir, a que haya un único «partido» con una línea equivocada. A propósito, no se les dedicó mucho tiempo a las organizaciones que de por sí ya se consideran «el Partido». Simplemente recordarles la decadencia continuada de su práctica e invitar a sus militantes a la reflexión. Tampoco nos detendremos en el giro reaccionario de algunas organizaciones, salvo invitar a lo propio a su base honesta que empieza a acercarse a espacios de militancia y tropieza con más cantos de sirena del mismo coro de la reforma y la reacción.
En esta coyuntura nace IGNIS, y en esta misma coyuntura cuanto antes se disuelva en una organización cualitativamente superior, antes será signo que la coyuntura ha cambiado y que el trabajo está dando sus frutos. Para concluir esta crónica, nos gustaría citar directamente a una camarada el día de la presentación: «Hoy nuestro movimiento goza de mejor salud que en los últimos años. Poco a poco más comunistas van tomando conciencia de los límites de su propia práctica, construyendo nuevos espacios desde los que avanzar en la organización del proletariado como clase política. Estos nuevos sectores, si bien todavía replican ciertos dogmas que lastran al movimiento, han dado grandes pasos para orientar a una nueva generación de comunistas radicalizada ante un futuro incierto. Identificamos esta situación como positiva, pero insuficiente para afrontar la inmensidad de tareas que nuestra realidad particular y la historia nos imponen.».