Vivimos tiempos de violenta agudización de la crisis general del capitalismo. Lo que hoy presenciamos en el Estado español y en el resto del mundo no es un fenómeno accidental, sino un auge reaccionario dirigido por las élites financieras. Como ya advirtiera Gueorgi Dimitrov ante el VII Congreso de la Internacional Comunista, el fascismo no es un poder «por encima de las clases», sino la «dictadura terrorista abierta de los elementos más reaccionarios» del capital financiero.

El fascismo: La última carta del Capital

El sistema capitalista, cuando ve amenazada su tasa de ganancia o su estabilidad ante la «revolucionización de las masas», recurre al fascismo como herramienta de supervivencia. No es un simple cambio de gobierno, sino la sustitución de la democracia burguesa por una dictadura abierta para descargar el peso de la crisis sobre los trabajadores.

Hoy vemos cómo este proceso se desarrolla a través de lo que Dimitrov llamó «etapas preparatorias». Antes de la instauración total de una dictadura, la burguesía aplica medidas reaccionarias que restringen libertades, aumentan la represión y falsean los derechos del parlamento. Es en este terreno donde el enemigo prepara el asalto, utilizando una «demagogia anticapitalista muy hábil» para atraer a sectores decepcionados de la pequeña burguesía y el proletariado. Esto se utiliza para captar el descontento de las masas golpeadas por la inflación y la precariedad, canalizando esa rabia hacia los sectores más vulnerables (inmigrantes, colectivos oprimidos) en lugar de hacia los verdaderos responsables: los dueños del capital.

Esta represión se materializa en varios frentes:

EE.UU. y la cacería del migrante: La dictadura del capital en EE.UU. muestra su rostro más sanguinario en la persecución sistemática de trabajadores por parte del ICE. Esta fuerza de choque actúa como una maquinaria de terror estatal, responsable de detenciones masivas y del asesinato de personas en la frontera y en centros de detención bajo condiciones infrahumanas. No se trata de simples leyes migratorias, sino de una estrategia para desarticular a la clase obrera mediante el miedo y la eliminación física de los más vulnerables. Cada migrante asesinado por el brazo armado del capital es un recordatorio de que, para la oligarquía yanqui, la vida trabajadora no vale nada frente a la acumulación de beneficio.

La UE y su deriva autoritaria: el auge de la reacción se manifiesta en los últimos años con el crecimiento de partidos de ultraderecha en Italia, Hungría, Países Bajos y España. Por un lado tenemos el Pacto sobre Migración y Asilo de 2024 que normaliza la violencia estatal y las redadas coercitivas. Por otro lado, asistimos a una brutal represión contra el movimiento de solidaridad con Palestina. Desde Berlín hasta París, pasando por Madrid, los estados europeos han recurrido a la prohibición de manifestaciones, la detención de activistas y la criminalización de consignas políticas. Esta persecución no es solo una muestra de apoyo al sionismo, sino un ejercicio de entrenamiento represivo contra su propio pueblo.

En el estado español estamos siendo testigos del crecimiento de organizaciones reaccionarias como La Falange o Núcleo Nacional, siendo esta última de reciente creación. Estos grupos, estando integrados por una parte considerable de jóvenes, lideran el discursos de extrema derecha en el estado. Los partidos de la derecha parlamentaria van a la zaga de dichos planteamientos, asumiendo cada vez más como suyos los alegatos racistas y nacionalistas. Pero esto no se limita solamente a la derecha. Recientemente hemos visto al enésimo invento de la izquierda de la socialdemocracia comprando el marco de la ultraderecha, poniendo el foco en el hiyab de las mujeres musulmanas. También han hablado de la inseguridad que se vive en ciertos barrios, siendo esto un último intento a la desesperada de evitar una sangría de votos en las próximas elecciones.

La realidad de la etapa actual

Debemos ser honestos con nuestra situación actual, nos encontramos en una etapa pre partidaria. A diferencia del siglo pasado, hoy no contamos con un Partido Revolucionario implementado en las grandes masas, ni siquiera con una organización que aúne a toda la vanguardia ideológica del proletariado, ni en el estado español ni a nivel internacional.

Esta carencia es la que permite que el fascismo crezca. Dimitrov señalaba que la victoria del fascismo atestigua, por un lado, la debilidad de la propia burguesía que teme a la revolución, pero por otro, revela la debilidad del proletariado desorganizado. Sin un partido que dirija la lucha de clases, la indignación popular es fácilmente canalizada por la reacción bajo la máscara de «defensor de la nación».

La lucha antifascista como motor de la Reconstitución

Si bien el fascismo actual no se ha instaurado de forma totalitaria como en el siglo XX, su aumento es innegable. Ante esto, surge la pregunta: ¿es prioritario un frente común antifascista?

Desde una perspectiva revolucionaria, la conclusión es clara: la lucha contra la reacción es inseparable de la tarea de Reconstitución del Partido Comunista. No podemos plantear un frente antifascista si no tenemos el núcleo dirigente que garantice que esa lucha no acabe siendo una simple comparsa de la democracia burguesa.

Sin embargo, esto no implica que tengamos que estar con una actitud pasiva. La lucha antifascista es necesaria precisamente para poder constituirnos como partido. Es en el fragor de la resistencia contra las medidas reaccionarias donde la vanguardia se forma, donde se desenmascara a los falsos socialistas y donde se crean los vínculos con las masas necesarios para la futura unidad comunista.

Conclusión: ¡Hacia la Reconstitución!

Todo el que no luche en estas etapas preparatorias contra la reacción facilita la victoria del enemigo. Pero nuestra lucha no debe ser solo defensiva, debe ser una herramienta para demostrar que solo la destrucción del sistema capitalista puede terminar definitivamente con la amenaza fascista.

La tarea del momento en la Región de Murcia, en todo el Estado y a nivel internacional es elevar el nivel de conciencia y organización. La lucha antifascista hoy debe servir a nuestro objetivo estratégico superior: forjar el Partido. Sin Partido no hay victoria posible.