Apuntes hacia una estrategia en la lucha por la vivienda

A veces se avanza, a veces se retrocede. A trancas y barrancas el movimiento obrero ha construido su historia entre la tensión de la lucha por la liberación de la clase obrera y su acomodamiento en la sociedad de clases capitalista. Es posible resistir la ofensiva del capital, pero sin un plan definido y acertado es imposible dar un solo paso hacia adelante.

El problema que pretendo presentar y desarrollar en este artículo no es menor. Es, sobre todo, el problema central que todo movimiento debe resolver si quiere llegar a suponer una herramienta de lucha eficaz contra el orden establecido. La estrategia es, ante todo, el plan general del que se dota una organización para lograr sus fines. En términos políticos, la estrategia debe estar ajustada a las condiciones de lucha de las que se parten también denominada «coyuntura» y tener claro el sujeto que debe llevar a cabo dicho plan. En términos bélicos, la estrategia es el conjunto de tácticas y batallas que se plantean en el marco de una guerra, definiendo un plan general de operaciones, mientras que la táctica es un conjunto de operaciones específicas que permiten avanzar posiciones frente al enemigo, en el marco de la estrategia militar general.

Así, la cuestión que aquí nos acontece es cuáles pueden ser las líneas maestras sobre las que se pueda construir ese plan general de la lucha por la vivienda. En el artículo anterior [1] desarrollé las claves del conflicto de la vivienda en torno al declive de la sociedad de propietarios en Murcia, el auge de los grandes propietarios y la emergencia del papel reaccionario de parte de la clase media respecto a la vivienda. Por otro lado, vimos que el sujeto proletario en la lucha por la vivienda estaba fragmentado en torno a la modalidad de acceso Propiedad, alquiler y okupación y que los principales vectores de interés parecen ser el proletariado juvenil y el proletariado migrante en el marco de la crisis histórica del capitalismo. También enuncié el objetivo del que debía partir la lucha por la vivienda, que debe ser superar la desposesión del proletariado en cuanto a la vivienda, que su derecho a vivir sea efectivo por sus propios medios. Bajo estas ideas, debemos hacer un esfuerzo por pensar los medios que nos pueden permitir alcanzar estos fines, porque al final del horizonte no se llega si no tenemos claro cuál es el camino que seguir.

Necesitamos un plan, pero… ¿Qué plan?

El panorama de Murcia en cuanto a la lucha proletaria es desolador a rasgos generales. La despolitización y embrutecimiento al que ha sido sometido el proletariado murciano ha adocenado la conciencia de clase y fomentado un sentido común reaccionario omnipresente. Miremos donde miremos los espacios de lucha están desconectados unos de otros, apenas existen minorías militantes y, en general, las masas proletarias están ausentes de cualquier lucha. Esta ausencia de tejido asociativo y conciencia de clase supone vivir en un eterno día de la marmota en una ciudad donde aparente «nunca pasa nada» y donde los militantes de diferentes tradiciones políticas repetimos los mismos errores constantemente, puesto que no existen estructuras estables que permitan la transmisión de conocimiento de una generación a la siguiente y que permitan también evolucionar y aprender de sus errores. En su lugar, la impotencia es la norma y el plegamiento al Partido de la Reforma está ampliamente generalizado. Como no somos capaces por nuestra cuenta de acumular fuerzas en un sentido revolucionario, nos doblegamos al «mientras tanto» como salida más realista de la lucha que se puede dar. 

Tendencias y formas del movimiento

Sobre este problema rescato las claves que Mario Aguiriano desarrolló en su artículo ¿Qué (des)hacer? [2], en el tercer volumen de Marx XXI. A modo general, Mario enuncia que el movimiento obrero se ha deslizado históricamente en torno a tres líneas: la línea revolucionaria, la línea reformista y la línea espontaneísta o movimientista. Este esquema nos es útil para dilucidar las tendencias de lucha en el movimiento por la vivienda.

En la lucha por la vivienda hay una tendencia revolucionaria que plantea la vivienda como una táctica de la lucha de clases cuya finalidad es servir a la liberación del proletariado. Es decir, a la revolución. Esta tendencia asume que los objetivos finales son incompatibles con el capitalismo y que solo en una sociedad sin clases pueden darse las condiciones para superar definitivamente el problema de la vivienda.

Por otro lado, la tendencia predominante ha sido y es la tendencia reformista, que subvierte los medios con los fines, y cuya finalidad no es superar el problema del acceso a la vivienda en general, sino lograr un mejor encaje de parte de la clase trabajadora para acceder a la vivienda. Tiende a trasladar el centro de la acción política hacia el Estado, al que se le demanda una serie de reivindicaciones como aumentar el parque de vivienda público, regular el mercado del alquiler o intervenir contra los desahucios. El fin en sí mismo no es superar el problema de forma definitiva, pues se concibe la vivienda como una mercancía, sino que es mantener en el tiempo la organización para luchar en todo momento por los intereses inmediatos del sujeto de marras inquilinos, propietarios desahuciados, etc.— por lo que efectivamente el medio la organización se convierte en el fin, y el fin el acceso a la vivienda se convierte en el medio que permite sostener a la organización.

Finalmente, tenemos la tendencia espontaneísta que parte de la deserción a dar una lucha de clase, manteniendo en abstracto los objetivos finales revolucionarios, pero sin hacerse cargo de establecer los medios necesarios para alcanzar dichos fines. Esta tendencia suele partir de dar una centralidad abstracta a las masas y las estructuras de base, que serían capaces por sí mismas y desconectadas organizativamente unas de otras, de encontrar las formas de lucha eficaces en su territorio y sector concreto para alcanzar los objetivos de la lucha. Aquí la ideología o teoría política es un conjunto de principios que fluyen entre los movimientos y guían la acción, y no tanto un marco de ideas que permiten conocer la realidad que se pisa y establecer las formas de transformarla. En general, la acción es el centro de la estrategia, y por sí sola, por acierto y error, daríamos con las formas de hacer adecuadas, sin necesidad de perder el tiempo en tediosos debates.

Principios de la lucha

Presentadas las tres tendencias, quiero detenerme en razonar los principios que sustentan la tendencia revolucionaria, que es la que considero acertada para lograr un movimiento que vaya más allá de tal o cual situación concreta, y sea capaz de constituir un frente de vivienda en lucha contra el capital y en favor del socialismo.

En primer lugar un frente de vivienda bajo esta tendencia parte de asumir la lucha de clases como marco general de su existencia. Se entiende, pues, como una herramienta específica de la clase proletaria. Enunciar la lucha de clases no basta, es sobre todo plantearse la manera efectiva de asociar al proletariado para dar una lucha general por la vivienda, y que sirva para difundir la conciencia de clase. Es decir, la conciencia socialista.

En segundo lugar, debe partir de la independencia política de clase como guía de su acción. Ésta se define por expresar la acción de la clase proletaria sin subordinarse a la acción política de otras clases como la clase media o la burguesía. El esquema típico donde los movimientos sociales demuestran su falta de independencia es en los ciclos electorales donde ante la fuerte presión mediática de los partidos políticos profesionales acaban transformando su agenda en una útil a los intereses de los partidos de la izquierda del capital. Frente a las campañas reaccionarias de la derecha, los movimientos tienden a estrechar el marco de lo «posible», reduciendo su campo de acción a elementos más fácilmente asimilables y encarnables por la izquierda. Frente a las campañas «en defensa de lo público» de la izquierda, los movimientos sociales tienden a ver una oportunidad para difundir su discurso más allá de sus órbitas habituales. Pasa igual con los llamamientos y convocatorias de movilizaciones que se lanzan desde estructuras burocráticas, y muchas veces esqueletos vacíos de militancia, que acaban «subvirtiendo» las prioridades de los movimientos a priori revolucionarios y subsumiendo su esfuerzo militante a fines completamente alejados con sus objetivos originales. Recogiendo todo lo dicho, la manera en la que un frente de vivienda debe expresar la independencia de clase es teniendo claro cómo se articula su estrategia en el horizonte y a través de qué medios ésta se va construyendo. En el momento en el que pensamos en las necesidades reales de la clase a través del desarrollo real de los medios para satisfacer esas necesidades, empezamos a ver con mayor claridad qué realmente es lo urgente y qué realmente es lo necesario.

En tercer lugar, un frente de vivienda revolucionario debe estar guiado por la noción de constituir comunidades en lucha. Una comunidad en lucha es un conjunto de individuos asociados para satisfacer unas necesidades que les son comunes. No hay comunidad en lucha si ésta no se construye en oposición a un sujeto opresor que les niega la posibilidad de satisfacer esa necesidad. La utilidad de esta noción es que frente a esquemas dirigistas, elitistas u horizontalistas, una verdadera lucha revolucionaria está protagonizada por el proletariado. Como sentenciaba Marx al albor de las primeras revoluciones proletarias: «la liberación del proletariado es obra del mismo proletariado». Es decir, que si el frente de vivienda no incorpora a los mismos proletarios que son desplazados del acceso a la vivienda, si no los asocia y los incorpora en su tejido militante, realmente no se están dando pasos efectivos hacia la revolución. En realidad, no hay un aprendizaje colectivo de la lucha, no se construye una institución de clase ni se genera conocimiento sobre el ejercicio del poder. Construir una comunidad en lucha es complejo, y para que ésta tenga arraigo en la clase es imprescindible que sea eminentemente útil para satisfacer sus necesidades. En torno a la comunidad en lucha se despliegan dos ramas imprescindibles que son la solidaridad entre sus miembros prolongándose en el futuro en la solidaridad con toda la clase proletaria y el apoyo mutuo. Ambas nociones constituyen los lazos de la nueva comunidad y superan el individualismo de las sociedades capitalistas. La interdependencia del individuo queda explícita, frente al mito liberal del individuo autosuficiente, pero precisamente esa interdependencia forja las condiciones para constituir la superación de la dependencia de todos los miembros frente al Estado y al mercado capitalista para acceder a la vivienda. Así es como en el debate, la lucha y la formación se fragua una conciencia socialista de masas que permite guiar al proletariado para disputar progresivamente el dominio sobre el espacio al capital.

En cuarto lugar, quiero desarrollar una de las conclusiones esbozadas en el artículo anterior. El frente de vivienda debe entenderse como una lucha parcial de la totalidad de la lucha proletaria. Entender esta parcialidad no es reducirse a las reivindicaciones puramente económicas en torno al acceso a la vivienda. Tampoco es acotar su campo de acción exclusivamente al fenómeno de la vivienda sin interrelación con otros movimientos. Entender la parcialidad desde una perspectiva revolucionaria es entender que la lucha por la vivienda, por sí sola, no puede satisfacer los fines que la constituyen. Es decir, que el frente de vivienda, por sí solo, no puede conseguir que el proletariado adquiera el dominio sobre su acceso a la vivienda. Podrá lograr mejoras, pero no solucionar el problema de raíz. Para adquirir el dominio sobre la vivienda, ésta debe dejar de ser una mercancía. Para desmercantilizar la vivienda se debe abolir la propiedad privada sobre la vivienda, y para lograr esto, es imprescindible transformar radicalmente la sociedad. Es decir, es necesario abolir el régimen de propiedad, es necesario abolir la sociedad de clases. En otras palabras, debe haber una revolución que cambie de manos el poder de la burguesía al proletariado. Sin esto, no podemos hablar seriamente de resolver de una vez por todas el problema de la vivienda. Por tanto, un frente de vivienda que se conceptualiza como una parte más de esa lucha general proletaria por su emancipación se hace cargo de las tareas de la revolución en lo que a la vivienda respecta. Entiende que su acción debe servir para dar pasos adelante en la lucha revolucionaria.

Relación entre los principios y la estrategia

Todos estos principios descritos no pueden ser, en todo caso, unos principios abstractos que se lanzan al aire. Deben servir para articular la lucha aquí y ahora y, por tanto, deben tener vigencia práctica. En el primer artículo se exponía brevemente cómo la contradicción del acceso a la vivienda estaba agudizado en torno al proletariado juvenil y al migrante, como dos sectores proletarios que encarnan el proceso creciente de desposesión o proletarización de la sociedad. El frente de vivienda debe ser la herramienta que estos sectores abracen para solventar su precario acceso a la vivienda.

La independencia política debe servir para establecer claramente una ruptura entre los partidos del capital y la política proletaria. La acción debe ser prístina en este sentido y la diferenciación entre los agentes del capital y los agentes del proletariado debe ser visualmente clara para aquellos que comiencen a mirar los frentes de vivienda.

La comunidad en lucha debe servir para unir progresivamente los sectores proletarios que hoy conviven separados, y en ocasiones enfrentados, cuando comparten cada vez más los mismos intereses económicos y políticos. La crisis histórica del capital acentúa la desposesión y agudiza las contradicciones.

La ruptura generacional será cada vez mayor. Esa juventud desprovista de futuro está hoy cayendo en las manos de la reacción ante la falta de una alternativa de clase que dote de sentido a la desilusión y sufrimiento que impone el capital en crisis. Cuando no hay alternativa, lo más sencillo es la mirada nostálgica hacia un pasado idealizado. Este es el leit motiv que lleva a la juventud  a los brazos del fascismo. A sí mismo, la vivienda es hoy la principal preocupación de los jóvenes. Hagamos del frente de la vivienda una herramienta para la construcción de esa alternativa de clase para la juventud.

Seguidamente, la crisis histórica del capital potencia la rapiña de recursos en la periferia del mundo, por lo que el fenómeno migratorio, lejos de contenerse, va a ampliarse más aún. Millones de proletarios intentarán ingresar a Europa en las próximas décadas según avance la crisis del capital y la crisis climática y ecológica. Debemos encontrar los medios efectivos para incorporar a este creciente proletariado en el frente de vivienda, pues Murcia precisamente es uno de esos territorios a los que llegan muchos de estos proletarios atraídos por el sector agrícola y la industria alimentaria.

La incorporación exitosa de estos dos sectores puede permitir la catalización de un proceso ampliado de arraigo en la clase. Nos permite desarrollar una infraestructura organizativa y una capacidad de acción que potencie el despliegue de la organización hacia todos los sectores de la clase. Llegar a ser, efectivamente, un movimiento de masas revolucionario consolidado.

Para alcanzar este objetivo es necesario no entender de forma aislada cada modalidad de acceso a la vivienda. Es decir, no atomizar la acción en función de cómo este acceso se da. El proletario que hoy lucha por no ser desahuciado puede ser un proletario inquilino en el futuro. Un proletario okupa puede pasar a ser inquilino o propietario. La forma de acceso a la vivienda puede variar a lo largo de la vida de una persona, lo importante es disponer de los medios para que en cada situación pueda darse la lucha. Por ello, debe darse una lucha global por el acceso a la vivienda interseccionando la lucha contra los desahucios, la lucha por el alquiler y la okupación como partes de una misma lucha, como partes de un todo. Este todo es la lucha proletaria por el acceso a la vivienda y en conjunto, bajo una misma estrategia, tiene la potencia de disputar el dominio al capital.

Por último en cuanto a las cuestiones estratégicas, el frente de vivienda debe ser la mediación entre el sujeto proletario y el fin que constituye dicho frente. Es decir, tener el dominio del acceso a la vivienda como decía antes. Por lo que en ningún momento una organización concreta es el fin en sí mismo, tenga más tradición o menos, más o menos prestigio. La historia no le debe nada a nadie en concreto, por lo que la organización es la herramienta que permite avanzar. La organización, es, entonces, el medio para lograr el fin. Y solo será el medio en tanto que sea capaz de conectar al sujeto con el fin en cuestión. Es decir, solo en la medida que el proletariado adquiera conciencia de clase al organizarse y aprenda a constituir su poder y ejercerlo.

Recapitulando: Lecciones, ideas y nociones a desarrollar

Para concluir el artículo quiero repasar algunas ideas estratégicas que nos permitan, a modo de resumen, tomar una imagen general de todo lo expuesto aquí.

En líneas generales, necesitamos construir un frente de vivienda que rompa con toda la experiencia anterior, pues necesitamos superar los límites de las experiencias pasadas. Experiencias que hoy por hoy tampoco suponen una base para construir una alternativa. Necesitamos, en definitiva, romper con el reformismo y la socialdemocracia imperante en los movimientos sociales de Murcia y construir unas nuevas formas de hacer y una nueva forma de organizarnos.

Esto no quiere decir que no sea necesario aunar militancias de diferentes tradiciones políticas. Aquí he expuesto y defendido una propuesta estratégica desde la perspectiva de la tradición de la que formo parte: el comunismo. No obstante, considero que el frente de vivienda es una buena oportunidad para que anarquistas y comunistas trabajen codo con codo por unos mismos fines. Ambas corrientes partimos de la negación del Estado capitalista como campo de lucha y la necesidad de organizarse al margen de él y en oposición a él. En este sentido, si partimos del debate racional buscando las ideas correctas que nos permitan conectar al sujeto con los fines podremos superar las diferencias políticas iniciales, avanzando hacia un modelo de frente coherente con la emancipación del proletariado.

En suma, debemos reconstruir la lucha de clases en el frente de la vivienda, con independencia de clase. Independencia que nos debe servir para no depender de la agenda de la socialdemocracia, principalmente, ni rebajando nuestra agenda ante la expansión del auge reaccionario. Mirada larga y paso firme, ya que necesitaremos dotarnos de paciencia para construir comunidades en lucha genuinas y funcionales. Será un proceso complejo del que no tenemos un ABC y del que tendremos que practicar el ensayo-error, reflexionando sobre nuestra práctica. Lo importante, en definitiva, es que cada paso que demos sea sólido y sirva para construir, asentar y expandir la organización. Finalmente, no perdamos de vista el movimiento general de la clase. Un movimiento de masas revolucionario dará mucho trabajo, muchos debates internos y muchas cuestiones a tener en cuenta. En esa vorágine podemos perder la vista general y difuminar el objetivo final en los objetivos inmediatos. Recordémonos que solo somos una parcela más de la lucha de toda la clase. Ni más importante ni más única. Seamos la lucha necesaria que el proletariado murciano debe dar en la vivienda. Hagamos que rentistas, políticos profesionales y capitalistas no puedan dormir por las noches por nuestro movimiento. Hagamos de la vivienda una alternativa para la clase proletaria.

Referencias

[1] Erick (2024). ¿Es el momento del movimiento por la vivienda en Murcia? Viento del Pueblo. https://vientodelpueblo.net/es-el-momento-del-movimiento-por-la-vivienda-en-murcia/

[2] Aguiriano, Mario (2024). ¿Qué (des)hacer? Sobre la necesidad del partido. Contracultura, Marx XXI vol. III Independencia política. https://contracultura.cc/wp-content/uploads/2024/11/¿Que-deshacer-Sobre-la-necesidad-del-Partido¿-Mario-Aguiriano.pdf