Paralelismos y reminiscencias

La ola de acampadas contra el genocidio en Gaza ha llegado al Estado español. Un movimiento de protesta iniciado en la Universidad de Columbia, institución privada ubicada en Nueva York, se está propagando por el mundo. Ahora las tiendas de campaña se ven no sólo en los campus estadounidenses, también en países como Canadá, Alemania, Francia o Japón. Era cuestión de tiempo que este movimiento empezara a florecer en universidades de Valencia, Euskadi, Catalunya o Madrid. Como telón de fondo, aunque poco tenga que ver con la organización de estas protestas, está el anuncio del sindicato CGT, hecho el pasado 25 de abril,  en el que hacia pública su intención de iniciar un proceso de contactos y debate con todas las organizaciones palestinas y sociales para convocar huelga estatal de 24 horas. Podemos constatar que el movimiento a favor de la causa palestina se ha revitalizado. ¿Qué escenarios se abren? ¿Qué podemos esperar?

Todo el mundo ya ha hecho comparaciones con Mayo del 68 y las protestas contra la guerra en Vietnam. En este sentido, sería conveniente ir más allá de las similitudes superficiales y evidentes para recordar cuestiones de fondo. Como por ejemplo la relación del Partido de Panteras Negras con aquel movimiento, los intentos y fracasos de vincular el movimiento estudiantil y obrero, el origen de la RAF, las experiencias de las Brigadas Rojas y la Autonomía Operaia.

Por otro lado, todo lo que está sucediendo, a algunos puede recordar experiencias mucho más cercanas en tiempo y en espacio. Concretamente los finales de los años 2000 en España. El descontento con la guerra en Iraq, el PSOE aprovechando la situación para hacerse con el gobierno del país, una crisis que empezaba a hundir a los trabajadores y las clases medias, un movimiento estudiantil incipiente organizándose contra el Plan Bolonia, etc. Cada cual que elija el paralelismo que más le guste. No obstante, siempre es más interesante analizar un movimiento atendiendo sus propias características y contradicciones.

Reivindicaciones

Lo primero, ¿qué exige la comunidad universitaria que organiza las acampadas? Los manifestantes en la Universidad de Valencia elaboraron una lista de demandas que se puede consultar en sus redes sociales. Se dividen en dos grupos, las que van dirigidas al Estado español y otras enfocadas a la propia UV. En esta lista encontramos peticiones de extinguir contratos y cualquier tipo de colaboración con las empresas implicadas en el genocidio, además de las reivindicaciones que se solían llevar en las últimas movilizaciones estatales a favor de Palestina. Ruptura de relaciones, fin de la compraventa de armas, sumarse a la denuncia de Sudáfrica ante la Corte Penal Internacional, derogación de la Ley Mordaza y la Ley de Extranjería, etc. Son peticiones que se llevan exigiendo todos estos últimos meses, de momento sin resultados. No obstante, hay que saludar el ímpetu del estudiantado universitario de no quedarse de brazos cruzados ante un genocidio televisado y patrocinado por el gobierno de este país. Es probable que con sus acciones consigan poner al PSOE y aliados en una situación incómoda. Imágenes de jóvenes apaleados y sacados a rastras de sus facultades, tal y como ha ocurrido en otros países, seguramente sea lo ultimo que necesita el gabinete de Pedro Sánchez.

Volviendo a las reivindicaciones, estas podrán variar dependiendo de cada territorio y según qué organizaciones impulsen las acampadas en cada sitio.

Instrumentalización

No cabe duda que la socialdemocracia intentará aprovechar este movimiento a su favor. Los representantes de las organizaciones «a la izquierda del PSOE» ya están mostrando su «apoyo» a los manifestantes y «hacen suyas» sus consignas. Además, las alas juveniles de algunos de estos partidos intentarán participar e influir en la organización de las acampadas, así como en sus demandas. En algunos sitios se encontrarán frente a frente con militantes comunistas con voluntad revolucionaria, dando lugar a luchas internas y todo lo que estas suponen. Los reformistas jugarán con ventaja, puesto que tanto sus partidos, como los medios de comunicación se encargarán de invisibilizar cualquier consigna revolucionaria o señalamiento del imperialismo como la causa del problema.

Hay que decir que en general el movimiento a favor de Palestina, especialmente después del 7 de octubre, es muy heterogéneo. Las organizaciones honestas dentro del mismo han tenido que hacer frente a los caballos de troya. Hay muchos agentes interesados en reducir las protestas a meras peticiones al Gobierno español, apelando que lo único que podemos hacer en nuestra situación es «ejercer presión». Así es como intentan desactivar y meter debajo de la alfombra cualquier alusión a la Resistencia palestina, denuncia de la «solución de los dos estados» y, en resumidas cuentas, se alinean con los intereses de los cómplices del sionismo. Sean estos Pedro Sánchez o Mahmud Abás.

Advertencia

No cabe esperar que un movimiento heterogéneo, procedente de la comunidad universitaria, plantee un programa revolucionario. Al igual que tampoco hay que bailarle el agua cuando presenta demandas contraproducentes que inducen en la población la esperanza en las instituciones del Estado y sus gestores. En los próximos días muchos comunistas honestos plantearán dar la batalla en estos nuevos espacios. Lo harán con la vista puesta en el objetivo de máximos: la necesidad de construir una organización proletaria independiente, necesariamente internacionalista, capaz de enfrentar de tú a tú a la oligarquía occidental y todos sus aparatos represivos. Esta batalla es una más en este largo camino.

Aunque en los partidos reformistas las bases de activistas jóvenes son cada vez más exiguas, precisamente por esa razón la lucha será más encarnizada. No hay que olvidar que la universidad es uno de los principales nichos de la socialdemocracia. Su influencia sigue siendo fuerte. Por eso pelearán con uñas y dientes, utilizando todo tipo de artimañas, para manipular, desinformar y nublar las conciencias. Todo para captar a la juventud en sus redes y desviarla del camino internacionalista hacia políticas de pactos, reformas y «males menores». Además, la policía y los servicios sionistas no dudarán en aprovechar la ocasión para infiltrarse en las asambleas y organizaciones más combativas. El enemigo que enfrentamos no tiene escrúpulos, pero no es invencible y también comete errores. La Inundación de Al-Aqsa es una prueba de ello.

Recordad que el Gobierno español es cómplice del sionismo, que debemos hacer explícito nuestro apoyo a la Resistencia y que queremos una Palestina libre del río al mar. Y si el espacio en el que estáis no suscribe estas tres cuestiones básicas, entonces no es el correcto.