Un rostro desfigurado       

Como todos los años, la Gran Vía de Murcia acogió la manifestación del Primero de Mayo. También, como cada año, el número de manifestantes fue menor ¿Por qué? Quién sabe. En esta crónica no vas a encontrar una respuesta. Quizás, más preguntas.

Para comenzar, la obviedad me lleva a plantearme si hay o no hay motivos para que el proletariado de Murcia se manifieste en esta histórica fecha. A simple vista, podríamos decir que sí. Durante los últimos años, el proletariado de la ciudad y algunos trabajadores de los sectores reproductivos más precarizados, tales como la hostelería, encuentran más y más dificultades para la simple reproducción de sus condiciones de vida. Este hecho se acentúa en el caso de la población joven. La dificultad en el acceso a una vivienda digna y al mundo laboral parecen buenos motivos para la manifestación de su descontento. Hablo, por supuesto, de una expresión superficial, espontánea, alejada de lo que conocemos como un movimiento consciente. Yo creo que hay motivos, sin embargo, la realidad es más tozuda, por lo que hemos de seguir reflexionando.

El primer día de mayo, la Gran Vía es «copada» por lo que conocemos como los sindicatos mayoritarios (CCOO, UGT y USO). Ellos son quienes solicitan el permiso y encabezan la manifestación. Tras ellos, se pueden encontrar grupos menores de la izquierda parlamentaria (PSOE, IU/PCE y Podemos), destacamentos comunistas con mayor o menor presencia, los sindicatos libertarios y algún que otro «movimiento social». Si nos centramos en el espectro reformista —los sindicatos mayoritarios y la izquierda parlamentaria—, hay un hecho que me llama la atención: la edad. Probablemente, el PSOE se encuentre fuera de esta ecuación, pues es capaz de nutrir de cierta estabilidad a sus juventudes, pero no así el resto de organizaciones. Entre los sindicatos, la única juventud que pude observar fueron los hijos, sino los nietos, de sus afiliados; entre las organizaciones del campo de la socialdemocracia, en el bloque de IU/PCE sus juventudes no pudieron más que asistir en el logo de la pancarta, y en el de Podemos prácticamente no había ni militancia.

En este punto podemos concluir que el proletariado tan solo acude al Primero de Mayo si forma parte de una organización y que, dentro de la clase, la juventud permanece ausente. ¿Por qué? Otra vez, no voy a dar una respuesta. Continuemos.

Si en un acto de cinismo apartásemos el problema de la secular reducción de manifestantes y de la ausencia de juventud, por lo menos podríamos decir «¡el proletariado continúa acudiendo al Primero de Mayo!», pero, ¿es eso verdad? ¿Qué es el proletariado y qué forma toma en Occidente? En el diario no disponemos de un sistemático análisis de clase de la Región —tampoco a nivel del Estado—, pero una verdad que a nadie se le debe escapar es que el proletariado de nuestro país y de la UE en general mantiene un nivel de vida muy por encima y a consta de la mayoría de su clase. ¿Qué quiero decir con esto? Volviendo a lo concreto, que el proletariado del Estado español percibe un salario y tiene acceso a unos servicios públicos gracias a la superexplotación del proletariado del Sur Global. ¿Y qué nombre recibe este sector del proletariado? Ni más ni menos que aristocracia obrera. Y como somos humanos y quizás como lector te pueda chocar, e incluso ofender, que sustantive como aristócrata tu condición de clase, tan solo decirte que este término no es una invención mía ni tampoco exclusiva de este siglo. Ya un 7 de octubre de 1858, Engels escribía a Marx sobre el «aburguesamiento del proletariado inglés» como consecuencia de «una nación que explota al mundo entero». España es un país imperialista que forma parte del bloque imperialista de la UE, y como tal, reparte, si bien de forma desigual, el botín del saqueo del proletariado del llamado «Tercer Mundo». Claro está, nuestra burguesía es la que más tajada obtiene del pastel, pero nuestro proletariado no se queda hambriento.

Espero que esta breve explicación te haya servido. Pero, ¿a dónde quiero llegar? Pues a que la manifestación del Primero de Mayo estaba compuesta, principalmente, por aristocracia obrera, funcionariado e, incluso, pequeña burguesía. La deducción, por lo tanto, es simple: la mayor parte de las organizaciones que se manifestaron el la Gran Vía están compuestas por una aristocracia obrera que, lejos de ser conscientes de su condición de «aristocracia», tan solo quieren una parte más grande del pastel. El «elemento espontáneo» al que nos referíamos al principio sí que estuvo presente, solo que era distinto del que buscábamos en su origen.

Nos encontramos, entonces, con el sindicalismo, forma de lucha económica del proletariado concebida dentro de los límites del capitalismo, unido a la corrupción material e ideológica del imperialismo, que toma forma en grandes centrales sindicales inmersas en el correcto funcionamiento del Estado. El panorama resulta desolador e incluso puede conducir a más de uno a plantearse el verdadero papel de CCOO, UGT o USO para con la dominación de clase. Pero esto es otro debate.

La última pregunta que quiero plantear en este apartado es: ¿qué podemos hacer para devolver al Primero de Mayo el carácter revolucionario que le dio origen? Te recuerdo que no debes buscar una respuesta en este artículo, pero veamos si puedo ofrecer unas pequeñas pinceladas.

La conciencia de la razón

No todo lo sucedido en esta fecha fue catastrófico. Entre la multitud, un grupo constituido principalmente por jóvenes ofreció un escenario alternativo. Bajo decenas de banderas rojas se escucharon gritos que señalaron la raíz de la opresión del proletariado: el capitalismo y el imperialismo. Si bien el denominado bloque comunista está lejos de representar una herramienta capaz de hacer frente a la dominación de clase, marca el camino que hemos de seguir.

La importancia del bloque no es, por lo tanto, su composición de clase (desde trabajadores industriales a camareros, pasando por interinos y becarios), sino su conciencia de clase. Y, ¿a qué me refiero con «conciencia de clase»? Por un lado, hay quien podría desligarlo de su significado revolucionario y entenderlo como la objetivación de su estatus dentro de la cadena de producción. Por otro lado, hay quién podría sobredimensionarlo y pensar que me refiero a un alto nivel de conocimiento en la teoría marxista. Ambas concepciones serían erróneas. Con conciencia de clase hago alusión al comportamiento racionalmente determinado en cada situación concreta del  modelo productivo.

Una vez más, voy a defraudarte. No voy a profundizar en el concepto de la conciencia de clase. No es el lugar apropiado. Ahora sí, ¿cuál es entonces, hoy, ese «comportamiento racional»? Para el proletariado, racional, entendido en su totalidad histórica, no quiere decir útil al dominio burgués, sino al desarrollo histórico de la humanidad. Por lo tanto, la traducción que emana de la conciencia de clase del proletariado no es otra que la comprensión del comunismo, no como un alternativa al capitalismo, sino como una necesidad histórica. Sin embargo, la conciencia por si sola, no puede transformar la realidad. El bloque comunista no solo reivindicó el papel del proletariado como sujeto político de la revolución, también el del Partido Comunista como su vanguardia ideológica y política.

Volviendo a la última pregunta del bloque anterior, ¿qué podemos hacer para devolver al Primero de Mayo el carácter revolucionario que le dio origen? No creo que haya una «respuesta definitiva», tampoco una receta que seguir al pie de la letra, pero si una larga experiencia de lucha que puede orientar nuestros pasos. Partiendo de las condiciones descritas en el apartado anterior, en los centros imperialistas, el muro que separa lo espontáneo y los consciente es más alto que nunca. Sin embargo, el material que lo edifica no ha variado en exceso. Es por ello que debemos plantearnos si hoy es más importante encontrar la forma de saltar el muro, o si por el contrario, debemos echarlo abajo. 

Si queremos romper la barrera que separa al proletariado consciente del resto de su clase hemos de trabajar con la herramienta pertinente. Para lograrlo, en primer término, tenemos que identificar cuales son los primeros pasos; las tareas prioritarias. Debemos localizar donde se encuentran los elementos más avanzados de entre el proletariado e incorporarlos al movimiento. De nada sirve una extensa agitación entre las masas si no somos capaces de traducir su exaltación en organización revolucionaria. ¿Y dónde se encuentran estos elementos? No en una determinada rama productiva, como si sucedía en la industria de la Rusia de principios del siglo XX, ni tampoco en un determinado sindicato u organización. No se encuentran específicamente en ningún lado. Además, la conciencia no es algo rígido, se encuentra estratificada, siendo necesario incorporar a la construcción de esta herramienta no únicamente a elementos de entre las masas y sus organizaciones más primarias, también de otros destacamentos comunistas. Es precisamente esta situación la que determina la unidad comunista y la línea de masas como parte fundamental en la reconstitución del Partido Comunista.

Y aquí, tras esta breve exposición, es donde reside la importancia del bloque comunista: un grupo de jóvenes de Iniciativa Comunista que asume los intereses históricos del proletariado y que extiende en sus manos un proyecto para su emancipación. Que comprende la coyuntura internacional y el rol de su Estado en la política imperialista. En definitiva, una organización que, humildemente, se esfuerza por analizar su realidad concreta para transformar el mundo.