CMA (Colectivo de Mujeres Antiimperialistas) se fundó con el objetivo de comprender y analizar las causas que condenan a las mujeres trabajadoras que viven en los países imperialializados y/o que se han visto en la obligación de migrar, a la precarización laboral y la explotación sexual, pero sobre todo, para alzar la voz contra esta injusticia. Para nosotras nuestra prioridad es visibilizar cómo el capitalismo perpetúa la explotación laboral y sexual de estas mujeres, desentrañar sus raíces y exponer sus consecuencias. Desde CMA trabajamos por aprender y estudiar sobre esta problemática, tan invisibilizada a ojos de la sociedad. Nuestro objetivo es poner esta realidad en manos del pueblo, fomentar el análisis crítico y contribuir a la organización colectiva frente a estas formas de dominación.

En este artículo, basado en la formación que hemos realizado del libro Un hilo rojo atraviesa a las mujeres, ahondamos sobre los distintos mecanismos que utiliza el imperialismo (la proletarización masiva, la gestación subrogada y la esterilización forzada) para la explotación laboral y sexual de las mujeres trabajadoras, así como sus causas y sus consecuencias.

Una aproximación al imperialismo y a sus mecanismos de control

Una de las características más importantes de esta reestructuración del sistema capitalista es que la producción de mercancías se desplaza desde los países imperialistas (previamente grandes centros industriales desde los inicios del capitalismo) hacia los países imperializados. Estos países —mal llamados «en vías de desarrollo» o «tercer mundo»— se convierten en productores de las mercancías que posteriormente serán consumidas en Occidente a través de cadenas mundiales de valor.

La superexplotación que sufre la clase obrera del Sur Global no se puede llegar a entender sin analizar quién produce la mercancía, dónde y para quién. El capitalista busca las mayores ganancias en la producción, es decir, busca aumentar sus beneficios incidiendo, principalmente, sobre los salarios de los trabajadores. Y es precisamente en estos países donde este fenómeno puede darse en masa puesto que la desposesión de los antiguos medios de supervivencia y la ruptura de los lazos familiares y comunitarios ha dejado en situación de completa necesidad a miles y miles de trabajadoras que se ven obligadas a vender su fuerza de trabajo en condiciones de miseria por un salario muy por debajo del coste de la reproducción de la vida.

La proletarización masiva de las mujeres del Sur Global

Como hemos dicho, el Norte Global se convierte desde los años 70 en centro de consumo y circulación de mercancías. Los estados imperialistas comienzan a promover programas de desarrollo para las mujeres rurales del Sur Global (a través de organismos como la ONU), para incorporarlas en la industria manufacturera y agrícola con la excusa de la situación de pobreza que sufren, generando tres grandes consecuencias para la vida de esas mujeres: 1) se convierten en mano de obra barata, ya que han sido desposeídas de sus medios de subsistencia y sus lazos familiares; 2) supone el abandono de las tareas de subsistencia familiares, dificultando las posibilidades de supervivencia de los modelos familiares y modos de producción autóctonos de la zona; 3) esta destrucción de sus formas de subsistencia provoca la necesidad de emigrar hacia el Norte Global.

La proletarización femenina de la manufactura electrónica y textil

La Nueva División Internacional del Trabajo desconecta la producción y el consumo, es decir, las mujeres del Sur Global (eminentemente productoras) no saben para quién producen mercancías. Mujeres jóvenes, poco escolarizadas o analfabetas, nada familiarizadas con sus derechos laborales, desesperadas por trabajar y captadas en zonas rurales, son el perfil de trabajadora más común en la industria manufacturera textil, calzado, electrónica y juguetera. Trabajadoras de fábricas en Bangladesh que solo cobran 1,36 euros diarios en jornadas intensivas de 12 horas, llegando a producir unas 3000 camisetas al día, que se venden por 4,95 cada una en el mercado. Esta situación viene ya configurada desde los años 80, época en la que el número de empresas dedicadas a la confección de textil para exportación creció enormemente y se empleaban a trabajadoras con salarios que a duras penas permitían la supervivencia. En 1970, por ejemplo, las mujeres constituían solamente el 29% de los empleados en la industria manufacturera de Malasia y en la década de los 80, eran ya el 41%. La industria textil, junto con la electrónica se convirtieron en las industrias de crecimiento más rápido y de mayor ganancia.

La proletarización femenina en el trabajo doméstico

La nueva configuración de las relaciones económicas obliga a las mujeres a migrar al Norte Global, donde son empleadas en tareas domésticas en las casas de las mujeres occidentales. Las mujeres migrantes cargan con el trabajo doméstico de sus propias familias, además de cargar con el trabajo doméstico de las mujeres del Norte Global, bien porque están solas, porque sus maridos trabajan más horas que ellas o porque ellos mismos se desentienden de un trabajo considerado de mujeres. Las mujeres del Sur Global ocupan puestos de trabajo altamente precarios (largas jornadas laborales sin contrato ni continuación en la Seguridad Social, sin vacaciones y expuestas a comportamientos racistas y abusos sexuales). El intenso sometimiento de las mujeres refuerza la servidumbre frente a los hombres.

Violencia sexual contra las mujeres del Sur Global

Las mujeres del Sur Global no  solamente sufren la precariedad en el trabajo, sino que la explotación sexual se ha convertido en una actividad rentable que se concreta, entre otras formas, en la prostitución mediante el turismo sexual. Este turismo se ha orientado como una suerte de moneda de cambio al consumo sexual de mujeres de los países de la periferia por los ejércitos y turistas occidentales masculinos. La superexplotación a la que son sometidas ha llevado a que muchas de las mujeres más jóvenes hayan tenido que recurrir a la explotación sexual para malvivir. Incluso las propias familias son las que venden a las mujeres más jóvenes para que trabajen en la prostitución y así saldar sus deudas. Solo en Bangkok, donde viven 10 millones de personas, medio millón son mujeres prostituidas. En Camboya, un porcentaje importante de mujeres que trabajan en la industria textil y servicios se han visto forzadas a ejercer la prostitución para completar sus bajos salarios. Como decíamos, el turismo sexual es también una práctica totalmente normalizada en las aventuras imperialistas de los ejércitos occidentales, el caso más conocido es el del ejército estadounidense en la Guerra de Vietnam

El alquiler de vientres o la gestación subrogada

Las mujeres del Sur Global están siendo también víctimas de la llamada gestación subrogada. Una forma de violencia contra las mujeres que se ven forzadas a vender su capacidad reproductiva a las familias ricas del Norte Global. Se oferta como alternativa para aquellas mujeres que no pueden o no quieren gestar a su descendencia, permitiendo continuar con sus carreras laborales sin que peligre su salud. En contraprestación, los gobiernos del Sur Global se benefician del hecho de que cada niño trae una divisa extranjera a sus arcas.

Los programas de esterilización forzada

Otra forma de violencia contra las mujeres son los programas de esterilización forzada, que tienen dos objetivos fundamentales: erradicar y controlar las altas tasas de pobreza en estos países, y ligar de forma indisoluble a la mujer a la industria manufacturera de exportación. No solamente es una esterilización política y eugenésica, sino que también obedece a motivos económicos. Las mujeres que se quedan embarazadas tienen que cuidar de sus hijos y esto causa bajas en las filas de las fábricas manufactureras y con ellas, pérdidas para las empresas. Estos programas de esterilización masiva han sido históricamente programas que no ofrecían información suficiente ni comprensible de las consecuencias de la esterilización y han sido impuestas y promovidas tanto por autoridades locales como por los propios Estados y organismos imperialistas, estando vigentes en algunos países como Kenia o México durante los siglos XX y XXI.

Aún queda un largo camino por recorrer e investigar. Cada día surgen nuevas noticias de la explotación laboral y sexual que sufren millones de mujeres en todo el mundo, una violencia estructural que se perpetúa por su condición de migrantes y por las dinámicas del capitalismo global. Desde nuestro colectivo, reafirmamos nuestro compromiso de seguir luchando y visibilizando estas realidades y denunciando sus causas. Transformar esta situación no es solo necesario, sino urgente.