Fotografía de José Manuel Vidal.
Apuntes y nociones para una lucha de clase por el acceso a la vivienda
Las históricas movilizaciones por la vivienda que se vienen sucediendo estos últimos meses han sacudido todos los frentes y no han dejado indiferente a nadie. Hoy la pregunta más repetida en multitud de capitales de provincia como la nuestra es: ¿cómo hacemos para rearmar un movimiento tan necesario como central en el momento actual? Esta es la pregunta que motiva esta serie de artículos que se publican con la intención de clarificar los interrogantes del movimiento por la vivienda y los pasos que nos permitirían avanzar hacia la constitución de verdaderas instituciones de clase con capacidad de defender y ampliar el acceso a la vivienda a la clase trabajadora murciana.
¿Por qué la vivienda?
Está claro que la masiva manifestación de Madrid insufló el ánimo de una buena parte de militantes y activistas que habían visto la descomposición del tejido social y la desidia generalizada entre la población como reacción al fracaso del ciclo del 15M. No obstante, es necesario dedicar dos segundos de nuestro tiempo a levantar la vista y preguntarnos por qué queremos hacer lo que a priori aparece como los siguientes pasos del movimiento social, dado que una de las lecciones clave del ciclo anterior es que el hacer por hacer, el movimiento por el movimiento, no es la mejor estrategia para la victoria. Y en esto coincidiremos todo el mundo que lo que buscamos es la victoria de quiénes tenemos auténticas dificultades para acceder a una necesidad tan elemental como un techo bajo el que vivir.
Por ello, es imprescindible preguntarnos por qué la vivienda, por qué este movimiento y no otro como el movimiento sindical laboral, el estudiantil o el ecologismo. ¿Por qué debemos poner nuestros esfuerzos principalmente en el frente de vivienda? Pues para responder esta pregunta debemos entender dónde nos encontramos.
Si algo podemos tener claro, aunque sea por mera intuición, es que el sistema no va bien. Se intuye que esta disfunción no es un mal funcionamiento temporal que se resolverá como todas las crisis en algún momento donde la economía marche a buen ritmo y nuestros salarios vuelvan a tener capacidad para adquirir lo suficiente para vivir, más un pequeño extra que nos permita mejorar en el futuro. No. Lo sepamos mejor o peor, intuimos que algo de fondo no marcha nada bien. La juventud proletaria hemos vivido en nuestras carnes este declive del sistema capitalista. La crisis de 2008 nos disolvió un (falso) futuro meritocrático basado en nuestro esfuerzo y la crisis de 2020 nos ha condicionado a ver el futuro como una terrible tragedia irrefrenable. Estas dos crisis apuntalan una tendencia global del capitalismo que viene a resumirse en la frase “la mata no da más de sí”. La omnipresencia del capitalismo a través de la extensión del mercado a todos los rincones del planeta ha generado un pequeño gran problema para los capitalistas, y es que el capital ha tocado con los límites finitos del planeta tanto en territorio como en cantidad de recursos, y esto ha llevado a un proceso de crisis estructural que amenaza con descomponer su propio orden civilizatorio.
Dicho lo anterior a modo de marco, y sin querer profundizar mucho más en esa cuestión, la salida que encontró el capital en la recta final del s. XX fue la financiarización de la economía, hasta ser la economía especulativa más determinante que la propia economía productiva. El caso es que este auge de la especulación como modelo de negocio preferente del capital tiene consecuencias importantes que están relacionadas con la pregunta del principio: 1) La masa de capital se deja de invertir en la economía productiva porque ésta no es lo suficientemente rentable, es decir, no se dedica ni a crear empresas ni a desarrollarlas, 2) La especulación busca la subida de forma artificial de mercancías que sean determinantes (bienes necesarios) para la sociedad o bien mercancías codiciadas y que son escasas.
Ligado a este análisis de la cuestión, cabe mencionar cómo este proceso de crisis estructural ha ido descomponiendo a la amplia clase media que sostiene las sociedades occidentales y cómo progresivamente y de forma acelerada se está produciendo una proletarización de esta clase media, descendiendo, especialmente de forma generacional, a las condiciones generales del proletariado. Esta clase media en descomposición está jugando un papel muy importante en el conflicto de la vivienda, puesto que la vivienda es uno de los factores que le está permitiendo resistir al impacto de la bajada de los salarios reales, o dicho de otro modo, el aumento progresivo de la inflación frente al estancamiento de los salarios.
Así, podríamos resumir el marco histórico en el que nos movemos de la siguiente manera: vivimos en un capitalismo en crisis que no consigue suficiente rentabilidad de las inversiones de capital en la economía productiva, lo que le lleva a inversiones en mercados financieros mediante burbujas especulativas. Esta falta de rentabilidad se compensa tanto con la especulación como con una apropiación progresiva de los salarios de la clase trabajadora mediante mecanismos como la inflación. Esta apropiación, que adopta la forma de ofensiva capitalista, produce una pérdida de la capacidad adquisitiva de la clase media y el proletariado; dicha clase media compensa ésta caída mediante la apropiación de parte de los salarios del proletariado mediante el alquiler de su segunda o tercera propiedad.
Entonces, volviendo a la pregunta ¿Por qué la vivienda? Porque la vivienda expresa el punto más agudo de la lucha de clases en la actualidad para nuestra sociedad. Porque sin casas donde vivir el proletariado no puede reproducirse como proletariado. Desde luego la cuestión no ha alcanzado niveles tan críticos como para no tener una casa donde vivir, todavía podemos convivir más personas por piso, podemos hacinarnos más o vivir una vida más miserable aún, pero antes de llegar a eso hay muchos puntos críticos que pueden suponer estallidos movilizatorios importantes y estos estallidos son momentos claves para la extensión de la conciencia revolucionaria entre el proletariado.
¿Qué hay de Murcia?
Pretendía que estos artículos hablasen del problema de la vivienda en Murcia y hasta ahora hemos comentado la cuestión desde coordenadas abstractas. A continuación, quiero hacer una breve aproximación a la cuestión en la ciudad:
En primer lugar, los precios de compra-venta del metro cuadrado actualmente se sitúan cerca de 1800€/m2 [1], cercano al máximo histórico en 2007 [2]. El alquiler, sin embargo, ha ido desde los 8-10€/m2 en 2007 a los 10-12€/m2 en 2024 [3], lo que supone un incremento de un 20 % desde el máximo de la burbuja especulativa de la vivienda. Hagamos un breve ejercicio para hacernos una idea del precio de la vivienda teniendo en cuenta estos datos, así como teniendo en cuenta que el salario medio ronda los 1300 euros brutos mensuales [4], lo que deja un neto aproximado de unos 1150 euros mensuales. Por ejemplo, un piso de unos 70 metros cuadrados, a unos 11€/m2 se alquilaría aproximadamente por unos 770 euros, por lo que representaría un 67% del salario medio neto promedio, o sea, el salario líquido que recibimos en la cuenta bancaria. Es decir, a modo general, el alquiler en Murcia supone un 70 % del salario mensual de un trabajador promedio. Evidentemente, nadie puede vivir con el 30% del salario para costear alimentación, transporte, ropa y servicios (agua, luz, internet, etc.). Por tanto, quién vive de alquiler está obligado a hacerlo de forma compartida. Por lo pronto, esto es absorbible por la institución familiar, ya que si le sumamos un segundo salario y asumimos una unificación de gastos en una sola unidad (la familia monógama), el alquiler supone un 33,5% de la suma de dos salarios medianos (2300 euros netos aproximadamente). No obstante, un 70 % del salario es, en esencia, una cantidad bastante reducida para afrontar el resto de gastos y deja a las claras una forma de vida al límite económicamente. Además, aquellos que “no tengan la fortuna” de tener pareja estable se ven obligados sí o sí a depender de otras personas para afrontar el gasto de una vivienda, lo que da lugar al creciente fenómeno de pisos compartidos más allá de la vida estudiantil o una juventud prematuramente emancipada.
Más allá de precios, cabe preguntarse cómo ha evolucionado la propiedad inmobiliaria. Actualmente los grandes propietarios – vamos a considerar gran propietario a quien tenga más de 5 viviendas – poseen aproximadamente el 18-22% del parque inmobiliario. Los medianos propietarios (2-5 viviendas) poseen el 25-30% del parque. Por otro lado, los pequeños propietarios (1 vivienda) representan el 50-55% de la propiedad [5]. Esto contrasta al observar la evolución en el tiempo, donde, por ejemplo, en 1990 los porcentajes de cada categoría eran del 5% grandes propietarios, 20% medianos y 70% unipropietarios. Es evidente que se está dando un proceso de concentración de la propiedad inmobiliaria a medida que la especulación en vivienda adquiere más centralidad en el sostenimiento de la rentabilidad del capital. Por otro lado, quiénes no tienen ninguna propiedad inmobiliaria y deben acceder a la vivienda mediante el alquiler suponen un 30% de la población adulta [6].
Estas dos variables –el precio del metro cuadrado o el precio del alquiler frente al salario, y la composición de la propiedad– nos permiten ver que la situación en Murcia, a grandes rasgos, no es significativamente diferente de otras ciudades del país. En todo caso, las diferencias cuantitativas se explican por estar en fases diferentes del proceso de acumulación, pero que en todo caso la dirección es la misma que aquellas ciudades más golpeadas por este problema.
Seguidamente, también podemos entender que el problema no es exclusivamente los grandes propietarios como bancos o fondos privados. Reducir el problema de la vivienda a una suerte de una minoría malvada y poderosa y una mayoría oprimida sería un maniqueísmo poco útil. Los grandes propietarios son un problema y la tendencia es a centralizar más y más la propiedad, pero quiénes suponen el grueso del conflicto del alquiler son, sobre todo, los medianos propietarios. Es decir, la clase media, que es quién tiene la posibilidad de adquirir más de una propiedad, pero no la suficiente para ser grandes propietarios. Esto problematiza más la cuestión, pues si uno de los principales enemigos del acceso a la vivienda es la clase media significa que el conflicto estará mucho más capilarizado en la sociedad. O por decirlo más simple, que no se trata de golpear a unas pocas decenas de déspotas rentistas, sino a decenas de miles de asalariados y pequeños burgueses cuya actividad rentista les supone un complemento indispensable de sus ganancias para resistir la pérdida de poder adquisitivo. Además, el sujeto al que organizar está disperso entre diferentes regímenes de acceso a la vivienda, y de quiénes acceden mediante el alquiler, está disperso entre diferentes propietarios privados que desde luego complica la acción sindical.
Por otro lado, estos datos también nos permiten clarificar algunas características del sujeto. Como hemos mencionado, aquel que pueda emparejarse formando una familia nuclear tradicional– y siempre y cuando ambos cónyuges trabajen a tiempo completo y de manera estable –pueden acceder aún con dificultades económicas a una vivienda en alquiler. Dicho sea de paso, también podrían plantearse en esa situación directamente la compra mediante un préstamo hipotecario. Todos aquellos que no cumplan con esas características y su salario ronde el promedio mencionado (1150 euros netos) son susceptibles de tener bastantes problemas para acceder a la vivienda. Los colectivos más vulnerables a este respecto son el proletariado migrante y la juventud proletaria, principalmente, además de todo ese margen del proletariado que no consigue ser empleado de forma permanente y que se mueve entre el subempleo y la economía informal. Con esto no apuntamos a decir que los esfuerzos deban ir únicamente hacia organizar el proletariado migrante y la juventud, sino que ambos sectores del proletariado son especialmente susceptibles de sufrir con mayor agudeza el conflicto de la vivienda.
Profundizando un poco más en el sujeto, que será la base sobre la que edificar posteriormente la estrategia, podríamos clasificar el sujeto proletario en relación con la propiedad inmobiliaria como 1) aquella parte del proletariado que tiene una vivienda en propiedad, 2) aquella parte que no puede comprar una vivienda y se ve obligado a alquilar y 3) aquella parte cuyos ingresos son insuficientes para alquilar por sí mismo y debe atenerse al subarriendo (alquilar una habitación, compartir piso, etc.) o a la ocupación directamente. Estas tres entidades del proletariado conllevan diferentes objetivos inmediatos e imponen límites al desarrollo de una lucha por la vivienda de manera integrada. Precisamente el quid de la cuestión radica en construir los nexos de unión entre las tres formas de acceso a la vivienda.
¿Cómo empezar? Apuntes hacia una estrategia en la vivienda.
Llegados a este punto ya tenemos cierta comprensión del fenómeno para poder empezar a dilucidar las ideas que nos pueden permitir impulsar el movimiento por la vivienda en Murcia. Enmarco este apartado como un conjunto de conclusiones que nos deja la aproximación al problema que hemos intentado hacer y adelantamos algunas ideas que queremos poner encima de la mesa en el siguiente artículo que versará sobre la estrategia por la vivienda en Murcia.
Así pues, empezamos por entender el campo de lucha que tenemos delante. Vemos una ciudad cuya tendencia es el crecimiento de grandes propietarios, que va arreglado a un aumento del alquiler, en detrimento de la sociedad de propietarios. Esta tendencia tiene en su centro una ruptura generacional entre la generación que pudo acceder a la vivienda mediante hipotecas y pudieron terminar de pagarlas o les queda poco para ello, y quiénes a raíz de la crisis de 2008 han dejado de poder acceder a la compra de vivienda, una desposesión acelerada en el marco de una inflación disparada. Esta ruptura generacional es clave para entender que el sujeto que más dificultades encuentra para acceder a una vivienda es la juventud –generación millenial y zeta– y una población migrante en crecimiento, lo que los constituye en dos vectores de interés para catalizar un proceso ampliado de lucha por la vivienda que permita construir un movimiento de masas consolidado.
Por otro lado, no debemos perder de vista el marco general de crisis y proletarización en el que nos movemos. La clase media intenta resistir la ofensiva capitalista externalizando los costes en el proletariado peor posicionado mediante la extracción de rentas. Este proceso se va a recrudecer en tanto que los mecanismos de apropiación del fondo de salarios sigan en marcha y se amplíen. Y esto será así en tanto en cuanto la tasa de ganancia siga cayendo y, por el momento, no hay visos de que la tasa de ganancia pueda recomponerse en el corto plazo salvo que se diera escenarios absolutamente aborrecibles como una gran guerra mundial o una profunda depresión económica. Así, este “nuevo” actor en el movimiento de la vivienda es necesario tenerlo debidamente identificado. Son parte del enemigo a batir y serán los que con más energías nos pondrán obstáculos para la lucha. A fin de cuentas, no controlan muchas propiedades y esas pocas suponen unos ingresos imprescindibles para mantenerse a flote, lo que hace que las defiendan con uñas y dientes y de forma bastante eficaz.
Esta tendencia a la concentración inmobiliaria y la proletarización de la clase media indica a nivel general que el marco de un proyecto de lucha por la vivienda no puede reducirse a marcos reformistas de vuelta a la sociedad de propietarios. Esto, en principio, es difícil que ocurra por la gran oferta de vivienda existente (12,2% del parque inmobiliario de Murcia son viviendas vacías), ya que si se construyera más se devaluaría el precio de la vivienda al dejar de ser relativamente escaso. Además, la tendencia de estancamiento económico y crisis aumenta el riesgo de impago, lo que vemos en condiciones cada vez más complicadas de acceso a hipotecas. Por todo ello, quiénes están siendo expulsados del régimen de propiedad es probable que no vuelvan a ser propietarios, y esta tendencia es que este sector de la población crezca, como hemos descrito anteriormente. Así, la lucha por la vivienda tiene como salida más realista constituirse como una fuerza contra el rentismo y el capital privado en general, proyectando un horizonte de lucha más allá del capitalismo. Decimos realista en tanto en cuanto las condiciones de realización de las reivindicaciones por la vivienda empiezan a ser únicamente realizables más allá de marcos capitalistas y, por tanto, más allá de tal o cual reforma.
No obstante, hemos de ser conscientes de que este horizonte no es el que aparece de forma inmediata en el imaginario colectivo del proletariado, ya que sigue viendo al parlamento y las instituciones estatales como único espacio válido de lucha a través de la demanda. Sin embargo, es solo en una lucha por la vivienda que parta desde una noción anticapitalista y revolucionaria la única que puede conseguir avanzar a la clase proletaria de forma sólida. También, cabe decirlo, este tipo de movimiento debe entenderse como una parte parcial de la totalidad de la lucha de clases, y que solo en tanto que se reconoce desde esa parcialidad, entiende que su movimiento está ligado a otros movimientos proletarios anticapitalistas que recogen las otras esferas de lucha de la clase.
En suma, concluyo este artículo sintetizando todo lo dicho en la necesidad de dar forma a un movimiento por la vivienda con un claro carácter de clase, entendiendo su campo de lucha de forma global sin reducciones a un tipo u otro de acceso a la vivienda. Es decir, entendiendo que debe haber una lucha global que agrupe alquiler, desahucios y okupación en una dirección estratégica anticapitalista común que no se reduce a la solución individual de tal o cual persona, sino un movimiento de clase más amplio que hace suyo el derecho a vivir, por lo que no solo resiste los embates del capital, sino que se erige en órgano de poder proletario que administra y gobierna allí donde tiene la capacidad de expulsar al capital del control del espacio.
Referencias
[1] https://www.trovimap.com/precio-vivienda/murcia/murcia
[2] https://www.epdata.es/datos/precios-casas-compra-venta-viviendas-datos-graficos-comunidades-autonomas/40/murcia/306
[3] https://realadvisor.es/es/precios-viviendas/municipio-murcia
[4] INE – Encuesta Anual de Estructura Salarial
[5] https://www.eldiario.es/economia/espana-millon-viviendas-manos-grandes-propietarios_1_11844846.html
[6] INE – Encuesta Continua de Hogares