Hace ya algo más de dos años se anunciaba la inauguración del Centro Social Miguel Hernández (CSMH). Tal y como indicábamos en el artículo dedicado a su apertura, se trata de un espacio autogestionado, un espacio político y cultural destinado a las personas trabajadoras, luchadoras, políticamente inquietas y militantes con objetivos revolucionarios. A lo largo de estos dos años, el proyecto ha ido consolidándose, albergando una multitud de actos y actividades; sirviendo de punto de encuentro para diferentes organizaciones, colectivos, trabajadores y estudiantes. El próximo sábado, 1 de febrero, nuestro espacio acogerá un nuevo acto: una mesa redonda de las tres organizaciones comunistas más activas de la Región. No se trata de un evento más, sino de un pequeño hito en la política murciana. Por ello, merece que se le dedique un artículo especial.

El tema de la mesa es «Organizaciones comunistas ante la crisis de la izquierda». A estas alturas todo el mundo tiene claro que el reformismo izquierdista se encuentra en problemas. Sus representantes no escatiman esfuerzos en buscar soluciones que les permitan mantener sus cotas de poder en el Estado español. Uno de los pocos recursos discursivos que les queda es agitar el miedo a la derecha y el fascismo. Pero este discurso se muestra cada vez más limitado en el escenario actual. En los seis años de gobierno de PSOE y Unidas Podemos primero, y de PSOE y Sumar actualmente, los sectores más conscientes de la clase trabajadora han tenido cada vez más claro que el Estado no es su aliado en la lucha contra las organizaciones abiertamente reaccionarias. Todo lo contrario. Además, las condiciones de vida de los amplios sectores proletarios no solo no han registrado ninguna mejoría, sino que han empeorado en muchos aspectos. Por ello, cuando los representantes de la socialdemocracia nos hablan de la necesidad de cerrar filas en torno a ellos para defendernos del fascismo, la pregunta lógica que surge en la cabeza de cualquier persona consciente es «ya, ¿pero y quién me va a defender de la socialdemocracia?».

Esta pregunta revela una realidad palpable. La clase trabajadora de este país carece de una fuerza política propia. Un partido que no sea su representante, sino la encarnación de su propio ser a través del entendimiento científico de las relaciones capitalistas y una práctica revolucionaria coherente. Y es precisamente a esta realidad a la que el comunismo debe dar una respuesta. El problema es que el estado actual de las organizaciones revolucionarias genera escepticismo entre el proletariado en cuanto a la capacidad de estos destacamentos para enfrentar exitosamente los retos que se proponen. No podemos culpar a nuestra clase por ello, ya que esta visión pesimista no carece de fundamento. Ante la que está cayendo muchas personas buscan desesperadamente soluciones inmediatas, no tienen paciencia, no pueden esperar más. De este estado de ánimo se aprovecha el reformismo. Ante su incapacidad de ofrecer soluciones definitivas, la socialdemocracia hace de la necesidad su virtud. Nos dicen que si ellos no son capaces de plantear salidas revolucionarias es que estas salidas no existen. Que nadie es capaz, que la revolución es inverosímil y mientras tanto hay que hacer algo. Con este chantaje pretenden adiestrar las mentes más inquietas y presentarse como la única alternativa posible a la barbarie. Así es como convierten el eterno mal menor en algo deseable, algo por lo que luchar incluso. Los portavoces reformistas más desvergonzados acusan de hacerle el juego a la derecha a aquellos que no nos alineamos con sus objetivos.

Por lo tanto, de cara a las amplias masas existe una tarea urgente que es romper esta dicotomía socialdemócrata de «o con nosotros o con la derecha». Para hacerlo no basta con discursos y la denuncia del actuar de la izquierda parlamentaria. Debemos construir, metódica y pacientemente, una fuerza política real con capacidad de combatir toda política del capital, tanto en sus expresiones derechistas como izquierdistas. Es urgente, por tanto, dilucidar la estrategia y los pasos que debemos dar. El horizonte estratégico no es otro que acometer los esfuerzos necesarios para transformar nuestro débil y disperso movimiento comunista en el Partido revolucionario.

En este sentido, la mesa redonda en la que se sentará a debatir la militancia murciana de la Coordinadora Juvenil Socialista, Iniciativa Comunista y el Partido Comunista de los Pueblos de España es un pequeño paso. Este tipo de actos es un buen síntoma de que el movimiento comunista del Estado español está dispuesto a romper las inercias heredadas de los tiempos pasados. Dejar atrás el sectarismo, debatir honesta y públicamente sobre las respuestas ante la situación actual. Es necesario contraponer los análisis, cuestionarnos y aprender colectivamente junto al proletariado que no busca soluciones inmediatas, sino que está dispuesto a realizar esfuerzos para ser parte de una solución revolucionaria.

El hecho que surjan estas iniciativas se complementa con la realidad de poder contar en nuestra ciudad con un espacio propio, concebido para ser una herramienta de las organizaciones revolucionarias. En esta ocasión, se juntan la madurez de nuestro movimiento para plantear públicamente debates candentes y la capacidad militante para sostener un proyecto que pueda albergar dichas iniciativas. Esto es una pequeña muestra de cómo se crean las sinergias necesarias que hacen posible la retroalimentación entre la teoría y la práctica. Los actos como esta mesa redonda son los que dan sentido a los espacios como el CSMH. A su vez, estos debates también perderían parte de su potencial y encanto si no pudieran llevarse a cabo en espacios que podemos llamar propios.

La lección es clara. Debemos saber detectar las necesidades de nuestro movimiento y trabajar, de forma paciente pero incansable, para darles respuesta. Este es el camino para superar los problemas del presente con la vista puesta en el porvenir que queremos construir.